EXITISTAS Y UNA MIRADA A LA REALIDAD
Ningún deportista compite pensando que no puede
ganar, que ya perdió. Aunque algunos tienen más posibilidades que otros de
triunfar; también están los que buscan elevar su nivel para que en el futuro
obtengan mejores resultados.
Estos comentarios vienen al caso de la actuación
del equipo argentino de salto en el reciente Mundial-WEG (World Equestrian
Games) en Francia, y las críticas que han surgido a raíz de su desempeño.
Primero habría que destacar la buena iniciativa de la Federación Ecuestre
Argentina de contratar un experimentado coach europeo, el holandés Bert Romp,
para preparar a los jinetes y sus caballos. También merece señalar lo positivo
y el esfuerzo que implicó para todos realizar una gira previa de tres meses
antes del Mundial. Indispensable el apoyo del Comité Olímpico Argentino y del Ente
Nacional de Alto Rendimiento Deportivo.
Ahora bien, habrá que analizar el porqué de los resultados
y asimismo enfocar en qué aportó con miras al futuro. Durante la gira previa
hubo clasificaciones meritorias, que hacían ilusionar con una actuación
razonable.
¿Qué pasó en el WEG? En un Mundial, menos la
primera prueba, todas las demás son de 1.60m. En la Argentina hace muchos años
que no hay competencias de esa altura, lo que impide adquirir experiencia en
esas exigencias. Los jinetes argentinos, que son buenos, compiten con el
hándicap de no contar con ejemplares fogueados en esa altura.
Asimismo los caballos de nivel olímpico y mundial
tienen un valor astronómico de varios millones de Euros. Es una simple cuestión
de demanda y oferta. Con el tiempo todos los deportes van cambiando y el salto
no es una excepción. Se ha vuelto sumamente caro resultando difícil competir a
un nivel de alto rendimiento.
También entran en juego los gajes del deporte como
el ejemplo José María Larocca cuyo caballo se desplazó y no pasó por los banderines
de un obstáculo quedando eliminado. Al jinete brasileiro Álvaro “Doda” de
Miranda Neto, cuatro veces olímpico, dos veces medallista olímpico, y
permanente participante en los grand prixs internacionales más importantes, le
pasó lo mismo en los Juegos de Atenas en el 2004.
La amazona francesa Penelope Leprevost, integrante
del equipo medalla de plata en el WEG, y número nueve en el Ranking Mundial
Longines, se ubicaba séptima en la semifinal con posibilidades de pasar a la
final. Pero su yegua Flora de Mariposa tropezó después de la zanja de agua y la
amazona se cayó, resultando eliminada.
Alejandro Madorno se cayó cuando Milano de Fiore
rehusó en una batea. Su propietario, Eduardo Rosemberg, explicó que hubo
cambios (espuelas más cortas y una banda para proteger las costillas de algún
roce debido a una campaña en Europa contra espuelas fuertes) indicados a último
momento por el coach que influyeron en este desliz.
Entonces desde el primer día el equipo nacional
quedó desarmado. Los otros dos argentinos Martín Dopazo y Alexis Trosch derribaron
obstáculos y dejaron de competir el segundo día.
Ahora va la pregunta: ¿no tendrían que haber ido
al Mundial? Como respuesta diría, ¿los Pumas no deben jugar contra Australia,
Sud África y Nueva Zelanda porque no les pudieron ganar hasta ahora? El equipo
nacional de básquet ya no es la Generación Dorada, y ¿por eso no tendría que
seguir compitiendo a nivel internacional?
Para elevar su nivel un deportista necesita indefectiblemente
competir contra otros mejores.
Hay que ser realistas, no exitistas. No se puede sacar conejos de la galera, pero no por eso hay que desistir de competir contra los mejores. La única manera de mejorar es seguir compitiendo afuera. La continuidad es imprescindible para el éxito en el futuro.
Quedarse en casa no es una opción si se quiere jugar en las grandes ligas del deporte que sea.

